viernes, 18 de enero de 2019

Tano el portugués


Cansados de tanto errante caminar, ojeras lívidas de sueño, soñábamos con llegar a Fermoselle " la bella " entre España y Portugal, surcamos las sombras y el silencio acompañante eterno, tantas caras olvidadas al pasar, cuantos...¡ que más da !. Cuando llegamos a la pequeña ciudad, acampamos nuestras herejías y pensamientos, la belleza era del poeta, el abrazo del Duero y el Tormes se podía divisar, casi palpar en silueta perfecta.
Pasado el día y la noche, repuestos de tanta ¡ Porca Miseria ! decidimos profanar a la misteriosa luna, sangrar nuestros cuerpos ante ecos de cantos y bailes, sudores esparcidos por nuestros cuerpos, como la miel sin sabores, y las penas al viento animal, así se las come, él sabe alimentarse de los olvidos que para eso son los sinsabores.

Nadie podría presagiar, ni intuir, ni pensar que un Portugués, llamado Tano, nos vendría a visitar, decían de el que era pura guitarra, su voz de rosa y trueno que como cuerdas apresaban, haciendo témpanos engarzados en el cuerpo.

Una silueta divisé, entre la oscuridad del camino, tranquilo surgía, galope firme, se acercaba hasta estas riberas de Fermoselle " La bella", mi corazón latía como un oráculo que acoge al fuego y se cubre con el silencio de la noche.
Tano, bajó de su caballo negro, las miradas fijas, unos ojos atravesaban cada célula viva, que fecundan las las palabras heridas, el no hablo, caminé moviéndome en círculo, queriendo adivinar la magia de su guitarra, Tano adivinó, inteligencia aguda y capaz. Sus ojos verdes como la hierba, de resplandores ambarinos en puro destello sonreían al mismo tiempo, separando los labios como paloma arrasando el cielo, se rasgo su camisa, seda salvaje parecía en el tiempo. Nunca hubiera imaginado, nunca podría...no... ¡ nunca vi por corazón una guitarra, el viento acariciaba su piel y omitía furia y vaivén para tocar sus cuerdas, y no sabiendo que hacer, acerqué mis manos y toqué su pecho, en carne viva, viví, el Fado de una Guitarra Portuguesa.


La noche derramaba en espesura,
toda la hermosura dormida
ahogando en mi garganta,
cuatro estaciones en vida.

Soledad

lunes, 14 de enero de 2019

El espejo


El día se ha despertado de su sueño mestizo,
turbulentos pensamientos, hacen desviar
mi mirada,
el jardín balancín de la vida
levanta sus velos, pensando en su alma,
se mueve, quema, arrasa.

Eternas son las horas, suplican clemencia
a los días,
que despacio caminan tras los mercaderes
que todo ojo divisa.

En el espejo

Lago de mis ojos, cristalizo la figura silenciosa
la cual escucho
ya que nadé en el silencio, antes de abrir la palabra
en el sonido de este Universo.

Siento

El destello hecho refugio,
como un rayo de dolor,
se clava en mi espalda, en mis hombros
creo morir de fuego, dentro muy dentro
arde la llama, de nombres, te quiero,
mas el mar que es caracola que todo lo sabe
arrulla con su canto, a este balcón de hierba
y estepa.

La tarde

En lienzo de lino se presenta, colores tibios
avanzan ¡ Que cosa bella !
absorbo cada mezcla,
como un dulce de boca hambrienta,
cálidos son sus besos, cálida su flor sedienta,
espejo que se rompe cuando peina la amante
noche
sus manos de hombre tiernas.

Silba el viento, olor de mezcla a vida
a tu ausencia.

Soledad

sábado, 12 de enero de 2019

El marinero y la mar


Navega el marinero,
marinero amor de mar,
soñando entre las olas
que le vienen a buscar.

La mar, corazón de alga,
late cuando le vé navegar
le besa con su labios de rizo
de espuma de sal.

Él acaricia sus aguas, espera
que la noche acústicas notas
le hagan llegar, para con ella
ir a navegar, mar adentro
donde empieza y termina su
libertad,
donde el deseo se hunde en
el broche de su cuerpo, suspiro
de agua de cristal.

Navega el marinero, entre el
nudo de su brazos, y el desnudo
de su cuerpo,
la noche eriza sus sentimientos,
la luna roja herida, se pone a...
brillar.

La mar, vestida de redes marinas
... a su marinero va a buscar...


Soledad

miércoles, 9 de enero de 2019

Qué delirio!


Qué delirio tiene la noche, que cabalga de negro opaco traspasando la lanza, sumergiendo lacerando.

Él, de negro blanco, cruza sus palabras como fuente, traspasando mis labios, mientras dos azabaches se sumergen en el templo allegado.

Qué embrujo tiene, ¿Qué fin le trajo...? si no fuera porque no hay ángeles y ángel precisamente no es el temple de sus besos ni de sus manos, diría que es una estrella de fuego entre mis labios.

Negro sus ojos, cabellos largos de rizo ondulado caen como agua entre mis manos, enredándose en mis dedos, entre risas y retazo.

Destreza y maestría, furia visitan el lago donde nado.

Conversa insistente, fe que no existe, despliegue de insistente luces de rubí por donde ando, mientras la vida rodea el cuerpo de trinos pícaros, acaparando el perfume, doblegando sus alas de azar inesperado, cautiva sin querer de palabras que se escapan.

Huracanes sin desdén arrancan el más grato placer, de quién es y no fue
Arroyos que bebe el sediento de sed, desnudando con placer la mano del corcel que bajo su manto cobijó.

Un corazón entero, dibuja a su placer los colores con los que vio el cielo.

¡Qué delirio...! ¡Que embrujo tiene la noche que hace levantarle a Usted entre los muros! acariciarle entre vientos oscuros, errantes del nómada desierto , donde se levanta el viento y resuena una palabra escrita a beso sobre su cuerpo.

¡Qué delirio...!¡Qué embrujo tiene la noche que me viste de èl!


Soledad

viernes, 21 de diciembre de 2018

El andén


Estaba sentada en el andén, el pensamiento desnudo,
pero callado. Su cuerpo rígido inmutable estaba junto
a lo increíble, había estado hacía unos momentos moviendo
la mano, en señal de despedida, se sintió vencida entre
el amargor y el sueño que hubiera querido que fuera,
pero no fue, la realidad se imponía.

Hacía frío, pero ese momento no entendía de ello, se había
transfigurado, había mutado cada una de sus células, hasta
ser un pequeño grano de arena ó un átomo blanco flotando
en el cosmos, en un universo perdido, en el que no había entrada,
ni ella tenía la llave, ni tan siquiera sabía si era de ida o de vuelta,
aquella calle perdida sin nombre.

Se fundió en el lagrimal del Universo, y nadó en él, hasta mitigar
el sonido de las campanas que como un hacha al azar había
caído sobre ella.

Busco la cremallera que tenía a la izquierda de su pecho, pero estaba
abierta, no lo pensó más, saco su caja de reflejos y metió otros tantos,
saturo la brecha con alguna sonrisa que vio pasar.

El frío siguió sin tocarla, dejo su maleta, sintió el abrigo de la tarde sin saberlo,
su vestido se pegaba a sus piernas, andaba deprisa, sabía bien lo que buscaba,
se tiro en el hueco del asfalto.
...Volvamos a empezar.

Soledad

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Una estrella


¿ A caso se esconde la luna ?...de la belleza de tus ojos,
¿ A caso se esconde el sol ?... al calor de mi amor,
¡ Tampoco !
Entonces dime ...
Como guardar la pasión
cuando sale una estrella,
que besa como ola de mar
y sus destellos me estremecen
como furiosos rayos de lirios,
bañando la piel y la sed
entre los naranjos en flor
de una nebulosa en un cielo
perdido.

Como apagar la luz, de mi corazón
encendido,
si me gusta como arden tus labios
callados,
ahogados en un gemido

Soledad


Cierro comentarios porque no puedo responder, ya que no puedo configurarlo y no veo justo que me comenten y no poder corresponder. Gracias.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

El momento


Tenía la mirada fija, en un punto inocuo, transparente para sus ojos, incierto para cualquier mirada que no hubiera atravesada el momento.

Estaba perdido en sus pensamientos, hablaba despacio alargando las palabras, sus dos cuencos a la vez que vacíos los cegaban cristalinas lágrimas que tantas veces habían llegado hasta la comisura de sus labios, los cuales habían bebido de la sal de sus penas, lágrimas como flores enajenadas, mordidas calladas.Quiso atrapar el momento, aquel distante en el tiempo, pero el cual era suyo, tan suyo que la piel se le quebraba aletargada, sus manos inmóviles y un cigarrillo que sus dedos quemaba.
En el momento, en ese preciso momento se hicieron corrientes de agua sus palabras.

¡ Ves aquellas zarzas ! hay un bolero de piedras enterradas, allí fue tan mía, allí sembré sus entrañas, navegué en su cuerpo de piel eterna enamorada, fui luz en el Universo, sus montes de teíde temblaban, atravesé su boca de caramelo ilusionada, perdiéndome en la espesura de aquel indescifrable momento, fue infinito, fue inconcreto.

¡ Cuantos años de esperanza ! cuantos años de miradas, cuantas añoranzas, los hijos al igual que nacieron crecieron y se fueron, no importaba que este viento cortara la placenta de sus cuerpos, no importo que la mujer les besara y acariciara en su tierno regazo, se fueron, vivo solo en este infierno, hoy vengo de enterrarla, no dejé mi último pensamiento, ¡ Aqui dentro muy dentro me habla ! - se golpeaba el pecho con la furia que la fuerza de su sangre derrama-.

Cogí el momento que sus ojos me miraban con ese corazón herido, con la voz maldiciendo a ese dios del que le hablaran. Quise desnudar la vida para darle su Serrana, devolverle los años pasados, envolverle el presente en cajas de plata, imposible ya todor era nada, miré la tierra donde dos cuerpos se hicieron bolero donde la mujer fué amada, pero era tan imposible como querer hacer de la noche mañanas, tanto se quiere hacer, y no se puede hacer nada, tanto es que hasta las palabras sobraban.

La tarde oscurecía las sombras de luces como manantiales paradas, y aquel hombre sumido en su corazón sin palabras, murmullo de sedas quebradas.

El atrapo el momento y yo, atrape su mirada, hice una promesa por el fin de los tiempos, una promesa que no me costara nada, poner fin a los recuerdos que no sirven más que pá abanicar el alma, aquellos que quedaron en un momento haciendo senda de tristeza, no son mis caminos ni mis cadenas, abrí el pozo de la sin nada,llamé a la kalima que cegadora pasaba, ella todo lo arrastra.

Cerré la puerta en el momento, dejé que los consumieran las llamas, quizá en el tiempo maduren y olviden, se hagan flores en los desiertos, agua que toda nazca, y las sombras escondidas lápidas mordidas entre las cuerdas de mi guitarra.

Soledad