martes, 29 de enero de 2019

La mujer más antigua


En el campamento de la orilla del arroyo, se oyen voces y risas. No importa que este atardeciendo, les miro a lo lejos, interesándome imparcialmente por cada uno de ellos.

Una historia que contar, una vida latente de sentimientos feroces, en el momento de tocarles la naturaleza que corre por sus eternas vías de raza.

Cuando el azar favorece sus esfuerzos la recompensa puede ser grandiosa, son como grandes e hinchadas nubes blancas de manos desprendidas de gozo, repartidas entre zarzas de cinturas repletas de sonidos de brazos, que abrazan cuerpos sumergidos en el calor de sus senderos.

La mujer más antigua la cual tiene su cabello de blanco espejo, es la que ha dejado sello, antes que lo hiciera su verbal madre, sus ojos son como dos miradores los cuales asoman y miran fijamente, a un punto pero parece que su mirada es un rebote para saber a distancia lo que a cada uno se nos escapa a la vista y a los sentidos. Su sonrisa hiere, pero llena de caricia, sus palabras refugio de las cavernas negras de las cuales somos estanques ante sus respuestas sabias, llenas de fuerza ante ellas va moviendo su bastón, hecho de rama de hielo y rayo de fuego. según sople el viento de las palabras que merecemos en la riqueza de su paz. He de decir que ante ella mi cuerpo tiembla, no de miedo, no...

Una mañana miré sus ojos grises de gata caída para amar y arañar, estaban cerrados, la contemplé, dos cielos transparentes de sus ojos caían.
¡ Que miras ! ...acercate... 

Vi de sus manos desplegar un pañuelo que hacia años que de su pecho prendía.
Susurro...

Es mi fuerza.
Es mi vida
Es el viento
que respiro cada día.

Era el pañuelo de su amor, el cual la dejó bajo el silencio de la tierra, ese al que ella amó.


Soledad

No hay comentarios:

Publicar un comentario